república

Entrevista a Luis Arias Argüelles-Meres

“La palabra ‘república’ sigue proscrita a día de hoy”

“La Segunda República fue la oportunidad perdida de nuestra historia contemporánea”

Luis Arias Argüelles-Meres

De camino a Oviedo, mientras repaso las preguntas de la entrevista en el tren, me llega un mensaje de Luis Arias (Láneo, Asturias, 1957) preguntándome si podemos quedar media hora más tarde. De lo oportuno de retrasar la cita soy consciente al llegar a la calle Uría, que sigue cortada tras el trágico incendio de la semana pasada, lo que me obliga a dar un rodeo. Está terminando un artículo, uno de esos en los que desgrana con prosa literaria el escenario político asturiano y nacional en el diario El Comercio, o quizá uno de en los que afloran sus recuerdos de la capital asturiana, a la que se trasladó siendo niño, o quizá es un análisis de su querido Real Oviedo, el único elemento del planeta fútbol al que presta atención. Las columnas de este “profesor que escribe o escritor que da clases” –así reza su perfil de Twitter–, encabezadas por citas de múltiples personajes literarios, no ocultan el carácter republicano que define, entre otras cosas, el pensamiento y la personalidad de este escritor y profesor de lengua y literatura, hijo de maestro republicano. Algunas de sus obras son Azaña o el sueño de la razón, La España descabezada, Último tren a Cuba, Ortega y Asturias, o Parte de posguerra.

Junto al Campo de San Francisco, cerca de la estatua de Woody Allen, un café y un purito visten las respuestas de Arias, mientras, tras cada chupada, el humo duerme el bullicio del gentío en la terraza.

Gregorio Morán acaba de presentar una reedición de El precio de la Transición, y usted charló con él en el acto que tuvo lugar en Oviedo. ¿Cree que si la izquierda no hubiera aceptado la Transición como una victoria colectiva hubiera sido posible una distinta o, al menos, una con una imagen mucho menos idílica?

Podría aceptarse como irremediable esa situación al principio, porque el ejército y los poderes económicos del franquismo seguían ahí, y hacer una revolución no era fácil, entre otras cosas, porque la mayor parte de la sociedad no estaba por ello. Pero eso cambia en el 82, con una mayoría absoluta irrepetible del PSOE, que fue la gran ocasión de llevar a cabo un proyecto de España consecuente con las reivindicaciones históricas de la izquierda. Sin embargo, fue la época del enriquecimiento rápido, de las corrupciones galopantes y de legislaciones hechas para que la mal llamada clase política tuviese privilegios, por lo que se malogró de una forma imperdonable esa oportunidad.

Se viene hablando en los últimos tiempos de una refundación o, incluso, una posible desaparición de Izquierda Unida, y algunos sitúan al PCE y a Alberto Garzón como responsables de la desaparición de sus siglas. ¿Cómo ve el presente de IU?

“La hora de Izquierda Unida pasó”

Yo creo que la hora de IU pasó, y lo creo porque, claro, dirigirse al votante diciendo que se está contra del sistema y que se quiere otro tipo de sociedad y otra manera de hacer política y, luego, a la hora de la verdad, ser la muleta del PSOE para que todo siga igual… Si ustedes no quieren el sistema soviético ni el capitalismo, ¿qué alternativa real proponen? ¿Qué quieren, banca pública o privada?, ¿compañías eléctricas públicas o privadas?, ¿enseñanza pública sin religión y poner fin a la concertada o no?, ¿subvenciones a los partidos y a los sindicatos o no?, ¿privilegios a la mal llamada clase política que hasta ahora aceptaron siempre o no?… Se necesitaría un discurso muy articulado y un programa muy concreto que, a día de hoy, no tienen. Y es que no pueden ser ni un partido comunista ortodoxo si quieren tener alguna baza electoral, ni una segunda marca del PSOE. Entonces, en esa tesitura tienen muy difícil salida, y Podemos la tiene porque rompe, su discurso, al menos, con la política del PSOE y lo que trae son proyectos que, pueden creerse o no, pero, son mucho más concretos.

En cuanto a Garzón, ha transcurrido poco tiempo desde que está en primera línea de la política, pero, me da la impresión de que, desde luego, no tiene ni el carisma ni la capacidad de convencimiento que podía tener Anguita o puede tener Pablo Iglesias -sea o no pose–, como para hacer resurgir a IU y que Podemos sea algo transitorio.

Hemos visto cómo allí donde triunfó la revolución, al final, ésta acabó traicionándose a sí misma. ¿Por qué nunca fue posible otro final?

Habría que analizar cada caso por separado. Por ejemplo, Cuba, que acabó siendo una dictadura, si no hubiera habido tanta presión por parte de Estados Unidos, probablemente, no habría sido así. En el caso de la URSS hay que tener en cuenta que el marxismo fue como una religión en el siglo XX. Existía una lucha de clases centenaria y la gente se dio cuenta de que las condiciones de vida del capitalismo eran míseras e injustas. Entonces, no se pensó que se pudiera pactar, sino que había que acabar con aquello, y de ahí surge un régimen totalitario que luego causó un dolor tremendo. Distinta cosa es el pensamiento marxista en la teoría. También fracasó, por otra parte, y de eso no se habla, Estados Unidos. Es decir, el sueño americano era otra cosa muy distinta de lo que es ahora, como se puede leer en Tocqueville (La democracia en América). Hay que tener muy en cuenta que todas las utopías, desde el Renacimiento en adelante, se situaron en América, por ser el mundo nuevo. De hecho, la palabra utopía proviene de la obra de Tomás Moro (Utopía), que la sitúa físicamente en Cuba. Y claro, el modo en que se malogró el sueño americano y el cachondeo que nosotros dejamos en la mayor parte de los países que colonizamos, fue tremendo.

Por un lado, cada revolución fracasa por razones distintas y, por otro, está la condición humana, esa tendencia a acomodarse, a dejarse corromper por el poder, aunque no siempre sea así. De todas maneras, por fortuna, también hay países donde no hubo revoluciones y que estuvieron siempre a la vanguardia, como son los países nórdicos, donde la calidad de vida siempre fue la mayor del mundo.

El fracaso de España

Pérez Reverte suele referirse a dos momentos históricos en los que España perdió la oportunidad de ser otra cosa, el Concilio de Trento, cuando decidimos seguir abrazados a un Dios oscuro, y la Guerra de la Independencia, que la ganamos, pero a costa de renunciar a la Ilustración y retornar al absolutismo.

Y debería referirse también a la Segunda República –señala Arias, adelantándose a mi pregunta–.

Precisamente, eso es lo que le iba a preguntar. ¿No cree que el fracaso de la Segunda República puede considerarse la tercera gran oportunidad perdida?

Hay un tópico perverso en este tema; la frase que acaba de mencionar. La pregunta es: ¿Fracasó la República o fracasó España? Porque frente a aquel proyecto de modernidad y de acabar con la miseria y la explotación, y no solamente desde un punto de vista marxista, sino incluso burgués y humanista, había más de media España en contra. Además, es el momento histórico del auge de los fascismos, que hicieron todo lo posible por evitar que la Segunda República triunfase. Fue el fracaso de España como nación, y lo fue en el sentido de dejar de ser una sociedad atrasada y rancia con respecto al mundo occidental, así que sí, fue la oportunidad malograda de nuestra historia contemporánea.

Le miento a la Iglesia. ¿Qué opina del papa? ¿Cree que de verdad representa una realidad nueva en la Iglesia, o sólo un mensaje más agradable con la misma esencia?

“No necesito al papa como argumento de autoridad”

Lo primero que tengo que decir es que me llama mucho la atención que desde el sector laico, al que yo pertenezco, se le conceda tanta importancia a los mensajes de la Iglesia. Para condenar una injusticia social yo no necesito al papa como argumento de autoridad, y hay mucha gente de lo que se llama izquierda que parece que lo necesita. Y por otro lado -no pretendo ser original, pero digo lo que pienso- a mí este papa me atrae mucho literariamente, porque me parece peronista, como buen argentino (entre risas). Yo creo que tiene mensajes muy llamativos, pero, digamos que pongo en duda, tampoco afirmo lo contrario, que detrás de lo que dice haya una voluntad grande. Y sobre todo, creo que aunque así fuera, perdería la batalla, porque hay sectores en la Iglesia demasiado poderosos como para dejar que ésta se convierta en otra cosa. Desde luego, yo no esperaría que la Iglesia cambiase el mundo; por lo menos, para bien.

No puedo dejar de preguntarle por la noticia del momento, los papeles de Panamá y, más concretamente, por el caso del ministro Soria. No sólo no ha dimitido aún, sino que ha mentido en sus explicaciones, contradiciéndose constantemente, contando con el apoyo de su partido y del Gobierno. ¿Esta situación sería posible en otro país de nuestro entorno?

No con esta permisividad. De todas formas, la importancia de los papeles de Panamá es que estamos recibiendo tal bombardeo continuo de casos de corrupción que esto va a adelantar los tiempos y va a hacer que estalle antes.

“Los jóvenes son los que van a cambiar este país”

En Islandia, hace pocos días, un caso similar provocó una contundente reacción ciudadana y la dimisión del primer ministro. ¿Por qué aquí no se responde igual?

La sociedad española es una sociedad narcotizada. A partir de cierta edad existe una mayoría de gente, aunque cada vez menos, instalada en la sociedad del bienestar. Pero los jóvenes, que se encuentran sin sitio, que se ven forzados a marcharse, van a ser los que van a cambiar este país. Por otro lado, hay un factor nocivo y corrupto, aunque no sea robar dinero, en esa imposibilidad de los jóvenes de progresar, y es que, en este país, el principal mérito sea poseer el carné de un partido. Y si eso no cambia nos vamos al carajo.

Su primer libro, Azaña o el sueño de la razón, es un ejercicio de rescate de la memoria, según usted mismo ha dicho. Hoy, al mirar al Parlamento, reconocemos, en buena medida, un escenario de retóricas vulgares al servicio de una concepción mediocre y puramente electoralista del discurso. ¿Cuánto cree que hay de este empeño nuestro en olvidar, en renunciar a la memoria, en la eficacia de esa concepción?

“Se ha perdido el poder de la palabra”

Hay un detalle que lo explica muy bien, un hecho histórico, y es que el partido de Azaña sufragaba los gastos electorales cobrando entrada por acudir a los mítines, y batió el récord de asistencia. ¿Quién paga ahora por escuchar a Pepiño (José Blanco) o a Rajoy? Eso lo dice todo. El poder de la palabra se perdió, porque hay muy malos oradores y porque todo es una farsa. E incido en la memoria en un detalle; en esos libros que recopilan frases de personajes históricos hay una cita de Azaña que es: “La libertad no hace felices a los hombres, los hace, simplemente, hombres”, cuando lo que realmente dijo fue ‘república’, no ‘libertad’. Hasta en eso la palabra ‘república’ sigue proscrita a día de hoy.

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