Mes: septiembre 2014

Vivimos en un país de gilipollas

Toro de la Vega

Después de todo el verano sin hacerlo, vuelvo a descargar mis cabreos sobre el teclado, y es que mañana se celebra ese gran espectáculo que nos comulga con nuestro pasado romano, el Toro de la Vega.

Resulta que se intentan construir debates televisivos entre defensores y detractores del evento, como si tal cosa fuese posible. Y no lo es porque sólo cabe debate entre dos posturas contrarias dentro de un marco cívico. Si abrimos la puerta a la participación en el debate social a la mugre homínida que cohabita con el resto de la sociedad, sólo podemos esperar esterilidad.

Pero claro, no nos quedan más bemoles, puesto que nuestra carta magna nos rasura a todos a la misma altura y nuestras leyes avalan este tipo de tradiciones, al menos por ahora. Entonces, ¿qué hacemos, si queremos ser tan correctos como para no transgredir los principios constitucionales, pero, a la vez, tan honestos como para no digerir semejante vikingada? Se me antoja que combinar ambas cosas es, en esta ocasión y en otras muchas, tarea inútil y, sobre todo, estúpida.

¿Cuántas cosas que son hoy legales, en pleno 2014, nos remueven las entrañas? Porque si estoy condenado a escuchar constantemente este absurdo como argumento probablemente desarrolle sordera crónica espontánea para sobrevivir.

Dando tumbos por la red me encuentro con un vídeo del año pasado con un debate de este calibre – el programa se llama Espacio Abierto, de Castilla y León TV, por si alguien quiere deleitarse –, donde se puede ver, en contra del Toro de la Vega, a una miembro de PACMA y otro de IU, enclavados inconscientemente en un terreno erróneo, frente a dos perfectos subnormales– tal y como la RAE entiende dicho término – a favor del festejo, uno de ellos, profesor de ética periodística – sí, no es una errata – el otro, el alcalde de Tordesillas.

Por pereza no voy a traeros aquí los argumentos esgrimidos por unos y otros, pero sobre todo, por resultarme ridículo. ¿Qué diálogo puede surgir de tal encuentro?

Éste es un país de gilipollas. Gilipollas quienes ven poesía en la barbarie y gilipollas quienes pretenden intercambiar impresiones con ellos. No seamos necios, la irracionalidad no se puede combatir con la razón, por razones más que obvias. Así que hasta que a los otros gilipollas, los que gobiernan, no se les antoje cambiar la legislación, tendremos que seguir tocando las narices a los primeros gilipollas. Me refiero a los del Toro de la Vega, por si alguno se pierde, porque aquí, lo que sobra, son gilipollas.