¿Qué votamos mañana? Cañetes, Valencianos y demás confusiones europeas

Imagen                               Parlamento Europeo                                                                                                         

Jornada de reflexión. Rompamos la tradición y llevemos a la praxis dicho concepto, tan asumido como desdeñado.

Bien pudiera haber huido de la campaña electoral antes de tiempo para hacer este ejercicio. No creo que a ningún candidato a eurodiputado le hubiera importunado más que las zambullidas precoces de sus partidos (no todos) en su impaciente recaudación de votos.

¿Por qué no se habla de Europa? ¿Por qué se esconde el candidato del principal partido de este país? ¿Por qué se basa una campaña electoral en el pueril e intelectualmente nimio ejercicio del ‘tú más’ o, en esta ocasión, en la sobreexplotación de un efluvio machista por parte de uno de los partidos? ¿De veras que no existe un planteamiento previo de propuestas serias e interesantes que apocope cualquier circunstancia acaecida en campaña, por muy ‘desafortunada’ que ésta sea? ¿Nos tenemos que rendir a la expectativa de que uno de los dos actores principales se introduzca en terreno pantanoso y el otro renuncie a toda estrategia previa (si es que la hubiera) y se apresure a ponerle la pierna encima, aún a riesgo de que en tal oportunismo resbale y acabe igualmente empantanado?

¿Es eso todo lo que hemos de esperar de una campaña electoral? Quizá no. No es menos imperante la ridícula y baldía colección de tópicos y frases manidas, completamente exentas de un atisbo de mensaje. Al leer en las redes sociales los llamamientos de los distintos aspirantes o colegas de partido, tal parece asistir a una campaña publicitaria de frases estúpidas, si bien no es menos acuciante esta verborrea de marketing barato en cada uno de sus mítines.

¿Dónde están las ideas? ¿Por qué se aplaca el euroescepticismo con oprobio y no con argumentos? Quizá el camino sea Europa, pero, ¿esta Europa? ¿Por qué no se le explica a los euroescépticos la razón de que el salario mínimo en Luxemburgo sea de 1.800 € y en Bulgaria de 155? ¿Dónde están los retóricos que se aventuren a dar cuenta del cosmopolitismo fiscal entre unos y otros países? ¿Y los filántropos europeístas que defiendan la desigual política de inmigración de los 28?

Se han cansado de repetirnos que éstas son las elecciones más decisivas al Parlamento Europeo en su historia, pero, ¿qué significa esto exactamente? Pues que ésta es la primera vez que el Parlamento Europeo, el que saldrá definido de las elecciones de mañana, escoge junto con el Consejo Europeo al presidente de la Comisión, el órgano ejecutivo de la Unión, es decir, el gobierno de Europa, para entendernos. Sin embargo, los distintos candidatos a presidir la Comisión no son elegidos de manera directa por la ciudadanía, sino por los grupos parlamentarios europeos, de entre los cuales, el Consejo, formado por los jefes de Gobierno y de Estado de los 28, propone a uno de ellos en función de los resultados electorales para que sea votado por el Parlamento, que en ningún caso puede nombrar, aunque sí vetar.

Entonces, ¿qué hay de verdaderamente democrático en este entramado institucional? Únicamente, la elección de los miembros del Parlamento Europeo, que se encuentra lejos de ser el principal actor en el organigrama de la Unión, por detrás del Consejo y de la Comisión, y aún más lejos de los gobiernos nacionales (principalmente Alemania), que son los verdaderos conductores de Europa.

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